Sin la ayuda de Dios no se llega a ninguna parte. Hemos jugado el peor partido del año pero la suerte ha sido decisiva. Ahora sí que tengo muchas esperanzas de ganar la Copa de Europa”. Johan Cruyff, sonrisa nerviosa como pocas veces se le vio, admitía en silencio, en los pasillos del Fritz Walter Stadion, que la fortuna había vuelto a visitarle en el momento preciso. Aunque esta vez fue en el prólogo de una obra inolvidable, la que acabaría 195 días después en el viejo y legendario Wembley.

El seis de noviembre de 1991, con dos goles de ventaja y una extraña confianza en su seno, el Barça se presentó en Kaiserslautern a cerrar su billete para la primera liguilla de la historia de la Copa de Europa. El campeón alemán no era el Bayern, sino un equipo que había ganado su primera Bundesliga en 38 años, con un equipo huérfano de estrellas y que en buena lógica no debía significar mayor contratiempo en esos octavos de final… Pero a los tres minutos de la segunda parte el FCK había igualado la eliminatoria y a un cuarto de hora para el final Goldbaek había encendido el infierno con un 3-0 que dejaba en la calle al Barça. Vestido de naranja, y colorado de los nervios, el equipo de Johan Cruyff se dirigía al matadero de manera irremediable cuando emergió de la nada José Mari Bakero para elevarse más que Kranz y Scherr y cabecear un balón imposible a la red.

Cruzado y envenenado, ese remate acompañado desde la distancia por millares de hinchas desesperados dejó clavado en el suelo a Gerry Ehrmann, el tipo que defendió más de 400 partidos la meta del Kaiserslautern entre 1984 y 1998 y que nunca ocultó, con el paso de los años, que aquel seis de noviembre vivió la mayor de las decepciones de su carrera. No es extraño si se considera que el gol de Bakero llegó cuando faltaban 15 segundos para alcanzar el minuto 90. “Debí llegar a ese remate. No sé qué me pasó que me quedé clavado mirando el balón” admitió tiempo después aquel portero que creció a la sombra del inolvidable Toni Schumacher en el Colonia y que once años y un día antes, el cinco de noviembre de 1980, había contemplado desde el banquillo como el Colonia asaltaba a lo bestia el Camp Nou para, con un 0-4, sentenciar el despido de Kubala.

Su relación con Schumacher nunca fue estrecha ni cordial y en cuanto abandonó Colonia con destino a Kaiserslautern no ocultó sus diferencias con aquel excéntrico portero recordado por su calidad… Y por una entrada asesina al francés Battiston en las semifinales del Mundial de 1982. Curiosamente, y a pesar de ser considerado desde su paso al Kaiserslautern en 1984 uno de los mejores y más regulares porteros de la Bundesliga, Ehrmann nunca alcanzó la selección alemana. Gerry fue a suceder en Betzenberg a un ídolo como Ronnie Hellström y si aquel es recordado, éste es poco menos que una leyenda… Con su noche trágica.

La ayuda de Dios, como dijo Cruyff, acudió al auxilio del Barça en el momento más dramático de aquella temporada. De hecho, el mismo Zubizarreta que sufrió una falta en el 1-0 y se quedó mirando en el 3-0, salvó dos remates envenenados y con sabor a gol que hubieran trasladado la eliminación a la categoría de humillación. Vestido de naranja y rojo de la ira, un empujón innecesario de Haber a Nadal en el minuto 89 dio paso a un milagro quizá poco conocido en el presente triunfal del Barça pero que explica, sin duda, qué era en aquellos tiempos el club. Para redondear el milagro, porque el partido no acabó con el vuelo de Bakero, apareció otra vez, salvador y no suficientemente elogiado entonces, Andoni Zubizarreta en el minuto 92 para sacar una mano milagrosa a un cabezazo de Haber. Encajó tres goles en siete remates pero aún fue trascendental, casi tanto como Bakero y, desde luego, más que Gerry Ehrmann, hoy preparador de porteros del propio Kaiserslautern y que sigue sin olvidar aquella noche del seis de noviembre de 1991.

Campo: Fritz Walter Stadion, 32.500 espectadores
FC Kaiserslautern: Ehrmann, Funkel, Shäfer, Hoffman, Goldbaek, Lelle (Kranz 87′), Hotic, Scherr, Witeczek, Haber y Kuntz.
FC Barcelona: Zubizarreta, Nando, Cristóbal, Guardiola (Nadal 80′), Koeman, Eusebio, Bakero, Witschge, Begiristain y Stoichkov.
Árbitro: Erik Fredriksson (Suecia).
Goles: 1-0, Hotic (34′). 2-0, Hotic (48′). 3-0, Goldbaek (76′). 3-1, Bakero (90′).

Foto: Mundo Deportivo