Andrés Iniesta en tierra de nadie

Sergio Busquets suele ser el jugador señalado cuando se busca el principal damnificado del cambio en el banquillo y en la mentalidad culé. Su excelente capacidad para anticipar dónde estará el balón en el siguiente instante se ve diluida cuando su propio equipo desconoce qué va a hacer con él y no posee la habilidad de Mascherano para multiplicarse: Busquets es adivino, no mago. Sin las cartas marcadas, el argentino otorga la coherencia que en muchas ocasiones necesita un Barça que sólo respira cuando Messi se hace cargo de la situación o en los ratos que Xavi sale a hablar de su libro.

A Andrés Iniesta tampoco le ha beneficiado en nada la llegada de Luis Enrique, aunque su sufrimiento es menos espectacular (y, por tanto, menos visible) que el de su compañero en el centro del campo. El manchego, que llegó a ser protagonista en un equipo con Messi y Xavi en su plenitud, parece no lograr sacudirse la etiqueta de complemento del equipo de Xavi salvo cuando lo envían al extremo, donde sus virtudes se ven potenciadas y sus defectos no lo son tanto.

Sin embargo, en este Barça en el que los tres de arriba tienen el nombre escrito con permanente en la pizarra de Luis Enrique, Iniesta transita por su conocido interior izquierdo, quizá en el mismo acto de fe que lleva al técnico a alinearlo semana tras semana. Para recordar los mejores momentos de Andrés hay que remontarse a finales de 2012 e inicios de 2013, en la tristemente breve etapa de Tito en el banquillo. Desde entonces, se ha mantenido en la sombra, con una coartada simple: al Camp Nou no se asomaba el sol de temporadas anteriores.

No está siendo el actual un curso fácil para el centro del campo blaugrana. A las bajas en combate de Sergio Busquets y Andrés Iniesta se les suman la confusión de Rafinha y el esfuerzo de Rakitic por participar en todo sin lograr ser decisivo en prácticamente nada. Sólo Mascherano sale ileso, aunque su presencia obliga al Barcelona a saltarse líneas de pase y dificulta una salida que ante equipos que apliquen una presión elevada puede ser muy complicada de conseguir.

Da la impresión de que Luis Enrique no tiene a los jugadores con los que le gustaría trabajar, así como que estaría más que encantado que Iniesta fuese uno de ellos. No obstante, Andrés parece que carece, a sus treinta años para treinta y uno, tanto de la capacidad como de la voluntad para adaptarse a un entorno hostil para él o de levantar la voz y tratar de dominar un partido cuando el griterío a su alrededor es ensordecedor. Xavi, en cambio, ante su incapacidad para jugar a nada que no sea en sus propios términos, tiene la personalidad suficiente como para cambiar el decorado, una personalidad que se echa de menos en un Iniesta del que no se sabe si viene o si va y, lo que es peor, que transmite en cada partido que él tampoco es consciente de la respuesta.

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