Algo más que un Camp Nou

La reforma del Camp Nou se ha convertido en el asunto estrella de la actualidad barcelonista. El proyecto bandera de la directiva de Sandro Rosell y de su delfín Bartomeu será, sin duda, el motor que agitará el entorno culé en los próximos meses.

Agarrado a la literalidad de los estatutos del club, que aportan una indudable legitimidad a su junta, Josep Maria Bartomeu sigue adelante con un proyecto que ha dado tantas vueltas como un tiovivo.

Todo comenzó en 2007, cuando la junta presidida por Joan Laporta presentó el proyecto de remodelación del estadio diseñado por el arquitecto Norman Foster, que tenía un coste estimado de 250 millones de euros y que contemplaba, como el plan actual, el incremento de aforo del Camp Nou hasta alcanzar las 104.000 localidades.

En la campaña electoral de 2010, Rosell afirmó en varias ocasiones que el proyecto era una locura y que bastaba una reforma de apenas 40 millones para lavarle la cara al estadio. Sin embargo, una vez en la presidencia, el plan cambió. La liquidez obtenida en apenas tres años gracias al ahorro que supone dejar de comprar tóner en color para imprimir y hacer copias hizo que la junta se replanteara el asunto. Y así, como quien no quiere la cosa, se pasó de una inversión de 40 millones a otra de más de 400 (600 si se cuenta todo el Espai Barça), una vez que la tozuda realidad hizo desestimar la construcción de un nuevo campo en lo que habría sido el gran legado del ya ex-presidente.

A principios del mes de abril, los socios del Barça están llamados a votar para decidir el futuro del Camp Nou. Probablemente, el aparato propagandístico de una entidad tan grande como esta permitirá que el resultado sea el deseado por la junta, sobre todo porque el vicepresidente Javier Faus recalca una y otra vez que el estadio no costaría un solo euro a los socios. Y ya se sabe que en eso, en los aspectos que afectan al bolsillo, también somos més que un club.

Sin embargo, este referendo –cuya pregunta aún se desconoce– será algo más que una consulta sobre el Camp Nou. Decidirá si se hace la obra o si el campo tiene apellido, sí, pero también puede ser un termómetro en el que los socios juzguen si la junta está en condiciones de seguir adelante con su proyecto una ver descabezada.

Y ahí, en ese aire plebiscitario, influirán muchas de las cosas que flotan en la atmósfera culé. Los resultados deportivos, como siempre, acostumbran a tener peso, pero no son el único factor. Todos los contendientes de Rosell en 2010 reconocen la legitimidad de Bartomeu pero piden elecciones aludiendo al carácter presidencialista de las elecciones en el club. Las noticias que llegan sobre el asunto del fichaje de Neymar no hacen más que enredar la madeja de lana en la que se está convirtiendo el Barça. Y, para colmo, en las manos del juez que verá la acción de responsabilidad social contra los ex-directivos de Laporta está que toda esa historia que viene de aquellos ocho días de 2003 acabe por dinamitarlo todo.

Hay casi unanimidad a la hora de reconocer el talante de Josep Maria Bartomeu desde que se hizo con la presidencia del club. Ahora hay que esperar que tenga también el talento necesario para calmar el ruido institucional. Y eso pasa, necesariamente, por refrendar su legitimidad con el aval de una nueva convocatoria electoral.

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