Francesc ‘Tito’ Vilanova se ha ido. Tras dos años largos de lucha contra el cáncer, la vida de este ampurdanés se ha apagado en Barcelona a los 45 años de edad. Así de duro, así de injusto.

Hijo de una Masía tan en boca de todos hoy, Vilanova fue uno de esos centenares de chicos que pasan por la cuna del Barça con la intención de convertir su pasión en oficio y de hacerlo, a ser posible, en el club de sus sueños. No consiguió lo segundo, pero sí lo primero, y durante casi quince años equipos como el Celta, el Figueres, el Mallorca o el Lleida, entre otros, pudieran contar en él en sus filas.

Pero si Vilanova no pasará a la historia como futbolista, ésta le ha reservado –por méritos propios– un hueco en la larga e inacabable retahíla de nombres que han construido el Barça que conocemos.

Como mano derecha de su amigo Pep Guardiola, Vilanova fue uno de los artífices del que muchos, barcelonistas o no, califican como mejor equipo de la historia: El Barça de las seis copas. El equipo eterno.

En 2012, tras la marcha de Guardiola y recuperado de su primera intervención, Tito asumió las riendas del equipo con la intención de perpetuar, si no lo estaba ya, un modelo de éxito basado en el trabajo, en el buen trato al balón y en el juego de posición, claves del triunfo en su periodo como segundo.

Con él en el banquillo, el Barça firmó una primera vuelta impecable hasta que en diciembre de ese mismo año, sufrió una recaída en el cáncer de la glándula parótida que le llevó a Nueva York y le alejó del día a día. Y el equipo, que acumulaba ya hasta entonces un golpe anímico tras otro, notó su ausencia, su ímpetu, su fuerza motivadora.

Pese a todo, los jugadores lograron la Liga obteniendo 100 puntos y elevando el récord del club hasta el mismísimo cielo. Fue la Liga de los 100 puntos y la liga de Abidal, pero sobre todo fue, para todo el mundo, la Liga de Tito.

Demasiado pronto y demasiado joven, Tito se ha ido. Y a los barcelonistas nos deja con el semblante triste pero con la tranquilidad de que su nombre quedará asociado para siempre a la historia del club. Porque Vilanova, como Kubala, Cruyff, GamperMaradona, Czibor, Alcántara, César y tantos otros, es Barça. Tito, como todos aquellos que han aportado su granito de arena a la grandeza de este club, es eterno.

Descansa en paz, entrenador.