Adiós, Riquelme

Juan Román Riquelme era un genio, pero llegó en el momento equivocado. En un Barça en deconstrucción, con un entrenador que no lo quería y que además tampoco permitía muchas alegrías tácticas. Estuvo una sola temporada, con Louis van Gaal en el banquillo y que fue sustituido por Radomir Antic en la mitad de la caótica campaña 2002-03.

Riquelme jugó 42 partidos y marcó seis goles, dos de ellos de penalti, pero nunca se sintió cómodo en Barcelona. Era el argentino un prodigio técnico, tenía una gran visión de juego, regateaba bien y, además, disponía de un gran disparo desde la media y la larga distancia.

Pero esas cualidades nunca las lució en el Camp Nou, donde pasó inadvertido en medio de una de las guerras intestinas y mediáticas. A Riquelme no se le oyó la voz sobre el césped ni en la sala de prensa y pocas veces se vio ese gesto de ‘Topo Gigio’ con el que celebraba los goles.

Extremadamente tímido, Riquelme fue una de las víctimas de la renovación emprendida por el Barcelona de Joan Gaspart al término de esa temporada. Después se fue al Villarreal, donde estuvo a un paso de hacer historia, pero nuevamente la suerte le dio la espalda al fallar un penalti en el minuto 88 que hubiera clasificado a su equipo para la final de la Champions de 2006, aquella que ganó después el Barça en París al equipo de Arsene Wenger.

Al año siguiente, Riquelme regresó a Argentina. Jugó en Boca Juniors, donde es un mito, entre 2007 y 2014 y se ha retirado ahora, a los 36 años, en Argentinos Juniors. Siempre nos quedará la duda de qué hubiera sido de él si hubiera jugado en un Barça más competitivo, con un equipo que le hubiera arropado más y con más estabilidad en el banquillo y en el palco.

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