Adama, otro canterano que vuela del club

El culebrón Adama toca a su fin. Tras un verano de rumores, tiras y aflojas, Adama Traoré Diarra (Hospitalet, 19 años) jugará finalmente en el Aston Villa inglés, a las órdenes de Tim Sherwood. El traspaso se cifra en 10 millones de euros más 2 en variables, con una posibilidad de recompra por parte del Barça durante los tres primeros años y un derecho de tanteo sobre una futura venta.

La marcha del extremo catalán de origen maliense después de una vida en las categorías inferiores blaugranas reabre el debate sobre el esfuerzo del club en formar jugadores en La Masía para que luego acaben recalando en otros equipos por la falta de oportunidades en el primer equipo. Y es que a pesar de su debut con Gerardo Martino y las ovaciones que sus eléctricas carreras generaban en la grada, para Luis Enrique no ha contado nada. Imposible, teniendo en cuenta que el asturiano contaba con el mejor tridente ofensivo del mundo (122 goles esta temporada), con un campeón del Mundo de cuarto delantero que también ha tenido que emigrar en busca de minutos y con otros dos canteranos que han firmado contrato con el primer equipo (Munir y Sandro).

Existe una corriente romántica en un sector de la grada culé que apoya el talento de casa por encima del talonario y que sufre al ver cómo perlas como Adama, Nolito, Oriol Romeu o Muniesa, por poner ejemplos recientes, han de hacer las maletas sin siquiera haber tenido una oportunidad real de demostrar su valía. Por otra parte, en clubes de la dimensión del FC Barcelona la inmediatez de los resultados a corto plazo y el brillo de los títulos, que influyen directamente en el márketing y en la salud económica de la casa, hay quien dice que «la pela, en el campo», y que en el Barça siempre han de jugar los mejores jugadores del mundo, cueste lo que cueste (o casi).

Tampoco ha ayudado nada a la situación de Adama la extrañísima temporada del equipo filial. De ser uno de los gallitos de la división de plata del fútbol español pasó a ser en unos meses un equipo desastroso, plagado de excelentes jóvenes (Samper, Gombau, Grimaldo, Diagne, Joan Roman o los propios Munir, Sandro y Adama) sin una brújula que encarrilara su talento. Su principal valedor en los últimos años, Eusebio Sacristán, fue destituido por miedo al descenso pero el sustituto Vinyals no evitó la debacle. El club llegó a acusar al vestuario de desidia, de endiosamiento, y a amenazarles con no permitir la salida de nadie si caían a 2ª B.

Amenazas vacías. Lo cierto es que el nuevo entrenador del filial azulgrana, el otrora canterano Gerard López, se ha encontrado con casi una cuarentena de jugadores y solo espacio para 25 fichas, por lo que se han aceptado negociaciones como la de Adama para aligerar la plantilla. El tiempo dirá si el rapidísimo extremo que marcó el séptimo gol al Huesca en el 8-1 copero de las últimas Navidades volverá a comerse el turrón en Arístides Maillol o si, por el contrario, engrosa la nómina de jóvenes procedentes de La Masía de los que casi no recordamos su nombre.

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