Mala noticia para los fieles amantes de los Juegos Olímpicos… y para los seguidores de las raquetas. Los tenistas han abandonado la Villa Olímpica y han regresado a la (dulce) rutina del circuito ATP. Se acabó hacerse fotos con Bolt o Gasol. Toca volver a jugar rodeados de aficionados que “solo” quieren ver tenis… e incluso toca cambiar de árbitros, porque esta vez será los mandatarios del circuito y no los de la Federación Internacional de Tenis los que tengan la última palabra cuando haya un atisbo de polémica.

Las medallas por las que han luchado los tenistas siguen cotizándose al alza. Hace años el tenis pasaba un tanto desapercibido durante las dos semanas olímpicas. No acudían los mejores. De ahí que los nombres de los medallistas fueran Maciel, Mayotte, Rosset o Cherkasov… Ahora es distinto. Acuden todos… y, en las rondas finales, siempre aparecen los que más autógrafos conceden durante toda la temporada.

El camino del tenis olímpico se ha acabado pero ha dejado un buen sabor de boca. Mucha gente en las gradas. Mucha audiencia. Grandes encuentros. Y dos tipos incombustibles que no han vuelto… porque nunca se fueron: Del Potro y Nadal.

El caso de Del Potro es toda una buena noticia para el circuito. Competidor, talentoso, con hambre y capaz de ganar a los mejores. Sí, es candidato firme a alterar el tablero del ‘Big Four’. Lo de Nadal… Impecable. 73 días sin competir y, de golpe, 1.364 minutos sobre la pista, sumando sus partidos de individuales y dobles. Ninguna duda tampoco sobre su hambre. Ni sobre su autoexigencia. Su cabeza funciona. Sus piernas también. Y para su muñeca no es ni bueno ni malo que haya muy poca tierra batida lo que resta de temporada.

El tenis en Río

Federer y Djokovic, por razones diferentes, son los grandes perdedores de estos juegos. El suizo es prácticamente imposible que llegue a luchar por el oro en Tokio 2020. Para el serbio la hazaña es un tanto más probable. Ambos quieren tener la misma medalla que Agassi, Nadal o Murray. Es un objetivo deseado, pero solo el tiempo y las lesiones dirán si vuelven a optar por ella o no.

Murray se afianza. Se consolida. Ya no es candidato ni alternativa. Es capaz de todo y sus finales ganadas se asientan en su palmarés, cuando hasta hace poco acumulaba demasiadas bandejas de plata.

¿Y Marc López? Pues que ya sabe lo que es ganar un Oro. Un Grand Slam. Y un Masters. Casi nada. Y si quieren comprobar su sencillez y su humildad acérquense a verle un día al trofeo Conde de Godó.

Acabo. Claro que ha habido polémicas. Que si la estelada. Que si el aforo. Que si el apretadísimo calendario. Que si Nishikori y sus 12 minutos en el baño. Pero es mejor pensar en Jack Sock; 23 añitos y ya se ha colgado una medalla de oro en dobles mixtos. O aún mejor. Radek Stepanek, bronce en la misma categoría pero con 37 tacos. Medalla a un tenis en peligro de extinción. Noble. Exquisito.