A vueltas con los pitos al himno español

Decía Albert Camus que “la estupidez insiste siempre” y que “uno se daría cuenta de ello si no pensara siempre en sí mismo”. Y eso, poco más o menos, es lo que ocurre con el asunto de los pitos al himno español en las últimas finales de Copa del Rey que ha disputado el Barça.

Dejando de lado el discutible argumentario a favor y en contra de silbar un himno, el tema empieza a ser cansino por recurrente. Ha llegado un momento en que los informativos de televisión abren su sección de deportes centrándose más en el tema de los pitos que en el partido en sí, en el ambiente que se disfrutó durante todo el día en Barcelona o el descomunal papel de Leo Messi sobre el césped. Todo eso importa bien poco porque, desterrado definitivamente el debate sobre el balón de oro y con el equipo preferido en horas bajas, el asunto de la defensa del himno español se ha convertido en asunto de estado. Tanto, que hasta el gobierno ha instado a la Comisión Antiviolencia a sancionar a los dos clubes por esos silbidos.

El ejecutivo de Rajoy, que hace cualquier cosa menos preguntarse el porqué de esos silbidos, se siente cómodo con estas cosas. Su prensa afín –que ayer incluso acusó de filoetarra a la afición del Athletic por una pancarta que nada tenía que ver con eso– babea sin pudor ante la más mínima oportunidad de envolverse en la bandera de España –como si fuera propiedad suya– para disparar como un mono armado con una ballesta. Y esa postura, la del gobierno y la de sus voceros, no hace sino bueno el dicho aquel que dice que “cuando un dedo señala la luna, sólo los tontos miran al dedo”.

Hablaremos durante unos días del asunto y pronto aparcaremos el tema en cuanto Florentino Pérez desvele un fichaje, que será seguramente el día 7 si el Barça vence en Berlín. Mientras tanto no nos queda otro remedio (aparte de apagar la tele) que padecer algunas tertulias televisivas en las que aparecen tertulianos capaces de decir gilipolleces como que “la Constitución Española está por encima de los Derechos Humanos”. Y ya se sabe que si quienes hacen tonterías son tontos, quienes dicen gilipolleces no tienen más que un nombre: gilipollas.

Efectivamente, la estupidez insiste siempre.

Vídeo: am14

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