43rd BMW Berlin Marathon. La trilogía berlinesa

En 1976, hace ya 40 años, un joven David Bowie se instalaba en Berlín en un apartamento discreto de la calle Haupstrasse. Su compañero de piso también era y es conocido, el histriónico Iggy Pop. La estancia del duque blanco en la Berlín aún dividida por el muro y por dos mundos antagónicos no fue corta, 3 años bien largos que inspiraron a Bowie de tal manera que creó tres álbumes que han pasado a la historia de la música: Low, Heroes y Lodger.

La ciudad y el ambiente que se respiraba en la misma, tuvo tal efecto en su composición musical de entonces que estos tres álbumes se les conoció como “La trilogía berlinesa”.

2016-10-02_12-58-28

En el año 2013 comienza mi vínculo deportivo con la capital de Alemania mediante un mensaje del amigo Francesc Buenavida sugiriendo ir al Maratón de Berlín. Poco imaginaba que desde entonces mi vida deportiva se vincularía a esta ciudad irremediablemente durante tres maravillosos años en que de los 36 meses totales, 24 aproximadamente serían destinados a preparar cada uno de los tres maratones.

A Berlín no se va por casualidad, no es una ciudad a la que te lleve la vida por inercia. A Berlín siempre se va a buscar algo, tal vez lo sepas, tal vez vas sin saberlo y lo acabas descubriendo y encontrando. Mencionaba a Bowie e Iggy Pop pero podría poner infinidad de ejemplos de personas que en un momento dado de sus vidas, Berlín ha sido una necesidad vital que les ha marcado para siempre y les ha ayudado a seguir adelante en sus carreras artísticas, o sencillamente en unas vidas atascadas y necesitadas de un cambio o reflexión, Berlín ha servido para arrancar de nuevo, como un punto de inflexión.

En mi caso no hablo de una estancia prolongada en la ciudad, sino de tres estancias muy cortas y espaciadas en el tiempo, para correr un maratón y volver. Pero Berlín no son los tres días que estas en la ciudad para correr la carrera, Berlín está presente cada día que te pones las zapatillas para salir a entrenar, ya la estás viviendo en el mes de marzo cuando empiezas el primer entrenamiento y no te abandonará hasta cruzar la línea de llegada pasada la puerta de Brandeburgo.

Se podría decir, si se me permite hacer el símil con Bowie, que después del Low -2h45min, el Heroes -2h42min ahora me tocaba componer el Lodger y era un reto mayúsculo para cerrar este periplo berlinés, rebajar al máximo mi marca personal ya mirando de reojo casi el sub 2h40.

2016-10-02_13-05-06

Esta vez una inoportuna lesión en la zona del pubis complicó los primeros meses de preparación diseñada por Andreu Novakosky. Parecía que iba todo bien cuando un dolor por encima de la ingle comenzó a dificultar poder seguir el programa de entrenamientos hasta el punto de tener que parar un par de semanas.

De mientras tocó hacer algunas sesiones de elíptica y fortalecimiento de la zona lesionada con el propósito de recuperarme activamente. Por fortuna fue bien y pude reincorporarme a los entrenamientos sin haber perdido demasiado forma ni demasiado ritmo.

El verano de este año tampoco ha facilitado las cosas, seguramente el peor verano de los tres que me ha tocado preparar Berlín, obligándome a salir a entrenar prácticamente todos los días a las 6h30 de la mañana en medio, eso sí y como es habitual, de un buen bochorno ya clásico de la comarca del Maresme.

Todo ello, lesión y verano muy duro, añadido a que las últimas competiciones antes de Berlín me generaron muchas dudas, una media de Sabadell con un tiempo discreto y algún diez mil con un tiempo muy similar al del año pasado, me hicieron tocar de pies en el suelo y finalmente pensar en que si hacía un tiempo similar al del año anterior o rebajaba aunque fuera unos segundos mi marca, ya podría estar muy muy contento.

Decido pues una estrategia conservadora pero ambiciosa a la vez; me marco como objetivo pasar por la mitad del maratón en 1h20min30sg, aproximadamente a un ritmo de 3’50” el km que me pondría en una muy buena situación de carrera para hacer mejor marca personal; 2h41min cortos o largos pero al fin y al cabo conseguiría hacer mi record del mundo.

Berlín no me ha puesto nunca las cosas difíciles y en esta ocasión tampoco lo hace, el día se levanta con sol y nubes y una maravillosa temperatura de 11 grados que te da la fresquita ideal para correr, y eso sí, nada de humedad, ¡NADA! Después de lo vivido entrenando en verano, no tener aquella nube de bochorno envolviéndote es una delicia que hay que aprovechar.

Esta vez, a diferencia de las dos últimas ediciones que iba solo, me dirijo al Tiergarten bien acompañado, los hermanos Maspons vienen conmigo, nerviosos y ilusionados. Para Ramón es el tercer maratón y primera vez en Berlín, y para Jaume el primer Maratón y se estrena en Berlín, ¡casi nada! Estoy feliz de poder hacer de cicerone y poder vivir la ilusión de ellos debutando en la mejor Maratón del mundo.

20160925_074954

Como siempre, el Tiergarten antes de el maratón es un espectáculo digno de ser visto. Ya no hablo de la gente que incluso se disfraza para correr la carrera: un japonés vestido de Picachu o uno con una capa de rey medieval, etc, sino de la cantidad de gente que en ese momento y con los nervios previos a la carrera, hacen especial gracia, y para nosotros sentados en un banco del parque todo este panorama nos sirve para hacer más tranquila y amena la tensa espera.

426321686_93489

Con tan buen rollo casi nos olvidamos que dentro un rato tenemos 42km por delante pero faltando 30min nos despedimos y cada uno hace la suya. Empiezo a temblar de arriba abajo de la tensión y los nervios, sube la adrenalina que me sale por la orejas y definitivamente mi cabeza acepta que tendré que sufrir mucho para lograr el objetivo y que el sufrimiento lo deberé soportar sin que me afecte al rendimiento. Acepto que ahora mismo no hay nada más en mi vida que 42 km s por delante, nada más, un cara o cruz sin otro final que no sea darlo todo hasta la línea de llegada. Siempre he creído que sin esta actitud no se puede llegar a tu límite en un maratón para alcanzar el objetivo, y no es sencillo llegar a este punto mental absolutista sin matices, de todo o nada.

Ya situado a la salida en el Block B, busco al amigo Sergi Martin sin éxito, Sergi está en el grupo de entrenamientos y es un corredor excepcional pero no ha podido preparar bien esta carrera porque se ha centrado más en la montaña durante el verano , de ahí que su objetivo sea salir a disfrutar y hacerlo lo mejor posible sin ninguna presión. Lamentablemente no lo veo y ya me centro en la salida que está a punto de darse, no sin antes aplaudir a los corredores de élite que participan este año como por ejemplo Bekele o Kipsang, vaya par.

426203878_81590

Miles de globos amarillos se van hacia el cielo berlinés, piel de gallina, piernas tensas, respiración pausada, mirada al cielo y ¡¡¡salida!!! Los primeros momentos son claves, ya noto las primeras sensaciones de piernas, de respiración, de ritmo y parece que todo va correctamente. Intuyo que algunos corredores alrededor mío llevan el ritmo que me conviene y decido no perderlos de vista. Detrás me alcanza David, un chico catalán que conocí en la Mitja Marató de Sabadell, nos saludamos y sigue adelante, él busca 2h39 y no es mi objetivo, le deseo suerte y va desapareciendo entre los corredores que me preceden.

Paso el km 5 en 19min y por lo tanto todo está bajo control y lo más importante, me pasan los kilómetros rápidos y eso todos sabemos que suele ser una muy buena señal, tan rápido que me planto en el km 10 sin casi darme cuenta con un tiempo muy prometedor, 38min. En ese momento se da una de esas situaciones maravillosas que te quedan grabadas para siempre.

Noto la presencia de un corredor justo al lado, me giro y es Sergi, qué alegría que tenemos los dos al vernos justo allí corriendo en el asfalto berlinés, nos queremos abrazar pero no podemos, apenas chocamos la mano y charlamos de cómo discurre la carrera y las sensaciones que tenemos, todo ello a un ritmo de 3min47sg aproximadamente. Aunque se ofrece a hacerme de liebre hasta reventar me niego rotundamente, su gesto es extraordinario pero no quiero que hipoteque un maratón como Berlín para ayudarme, ya me espabilo, y él ya convencido sigue su camino y yo el mío, no sin antes desearnos suerte, despedida dolorosa pero necesaria.

Otras veces ya he descrito el ambiente de Berlín, y no me extenderé, sólo mencionar que como cada año la ciudad ha salido a la calle y durante los 42km s no hay ni un solo instante que no tengas el ánimo y el cariño de los espectadores. Realmente te hacen sentir especial, es la mejor manera para definirlo, desde el primero hasta el último corredor tiene la sensación de que es un campeón a ojos de los berlineses.

Llego a la mitad de la prueba con un tiempo ideal, 1h20min13sg, más rápido incluso de lo que me había propuesto de inicio. Las sensaciones son tan buenas que un repentino ataque de optimismo y euforia me hacen cambiar el ritmo y empezar a acelerar subiendo el promedio a 3min45sg el km, tan contento estoy que voy chocando las manos de los niños que hay en el público, hago gestos a las bandas de música incluso oigo Jumping Jack Flash de los Stones a mi paso, sonrío y hago gestos a todos los espectadores que me dirigen sus gritos de ánimo. Este estado de euforia junto con este ritmo infernal lo puedo aguantar hasta el km 35, a partir de ese momento y faltando 7kms para la llegada, la euforia da paso a una concentración absoluta para no bajar mucho el ritmo, estoy ya muy fatigado y las piernas me hacen mucho daño, toca sufrir y como decía anteriormente la fortaleza mental aquí marca la diferencia entre el triunfo o la derrota. Haciendo un esfuerzo inhumano puedo “sólo” perder 10 segundos por kilometro entre el 35 y el 40, bajo a 3min55sg de promedio intentando estirar piernas y concentrado al 200%. Los kilómetros pasan lentos pero mi cabeza está preparada con el piloto automático, alcanzo a David que ha bajado el ritmo, nos animamos y sigo mi camino deseando que se recupere y haga un buen final de carrera.

Entro dentro de los últimos dos kilómetros y más o menos ya soy consciente de que me está saliendo una carrera extraordinaria, he llevado un ritmo espectacular cuando he estado bien y cuando he tenido la bajada de fuerzas entre el 35 y el 40 he aguantado como una fiera y sufriendo he conseguido que el ritmo de carrera no bajara demasiado.

Igualmente no me puedo dormir, al contrario, porque para redondear la marca los últimos dos kilómetros son un mundo. Hago un par de giros entre dos rectas largas y entro en el último kilómetro. Miro con la boca abierta la cuadriga de la puerta de Brandenburgo, es la tercera vez que paso por debajo compitiendo y siempre iba destrozado pero inmensamente feliz, esta vez no es una excepción. Estoy emocionado y viviendo ese instante como si se acabara mi vida en unos segundos, la diosa de la victoria cada vez más cerca, más real, hasta que desaparece de tu vista porque pasas entre las columnas de la puerta de Brandenburgo para ya dejarla atrás, sabes que desde allí arriba te sigue con la mirada y tu corres, corres con desesperación.

Kilómetro 42 y quedan sólo 195m, escucho unos gritos desde la parte izquierda de las vallas, entre el público. Me giro instintivamente y veo a Diana que está mirándome a través de la pantalla del móvil, con gafas de sol y gritos ahogados de emoción. Sigo corriendo levantando ligeramente la mano y esprinto con todas mis fuerzas porque el tiempo no se detiene ni respecta momentos tan mágicos como este, aunque algunas veces nos gustaría pararlo.

20160925_121404

Cuando finalmente cruzo la línea de llegada, del alma me sale un grito desgarrador, un grito de reto alcanzado, de final de trayecto de tres años, de victoria muy sufrida, he parado el crono en 2h40min17sg.

426335866_22414

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos