36ª Maratón de Barcelona

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Vencen el etíope Getachew y la keniana Nyambura en un maratón lento

El corredor etíope Abayu Getachew, de 23 años de edad, fue el ganador de la 36ª edición del Maratón de Barcelona tras parar el crono en 2h.10:45. A pesar de rebajar en algo más de dos minutos su mejor marca, la edición del maratón barcelonés disputada ayer, con un total de 17.926 corredores, se caracterizó por registrar unas marcas bastante discretas.

La salida fue bastante rápida gracias al ritmo impuesto por el corredor local Marc Roig, que hacía de liebre de los dos favoritos, el etíope Kedir Fekadu y el keniano Nahashon Kimaiyo. Roig –que ya fue liebre de Florence Jebet Kiplagat cuando batió el récord del mundo de medio maratón en Barcelona con un tiempo de 1h05:12– marcó unos cinco primeros kilómetros en 15’22”.

Tras el kilómetro ocho, momento del abandono de Roig, los kenianos Gilbert Yegon y Joash Mutai tomaron el control, pasando por el kilómetro diez en 30’23”. Los dos favoritos quedaban descolgados y el ritmo sólo era soportado por el keniano Dikson Kimeli y Getachew.

Kimeli y los etíopes Teshome Cheru y Getachew, arropados por las tres liebres kenianas, Mutai, Yegon y Jafred Kipchmba pasaban el kilómetro 15 en un rápido 45’24” gracias a que dejó de soplar el molesto viento lateral y pudieron aumentar el ritmo de carrera que se tradujo en un paso de Cheru, Mutai y Yegon por el medio maratón (21,097 Km.) en 1h.03:50, seguidos a un segundo por Kimeli y Getachew.

La última liebre en carrera, Yegon, se retiró tras pasar primero por el kilómetro 25 (1h.30:46) dejando en el trío formado por Getachew, Kimeli y Cheru la suerte de la carrera. Tras el kilómetro 35, Getachew asestó el golpe definitivo sacando casi un minuto a Kimeli y dos al también keniano Thomas Kiplgat, que acabó completando el podio.

En la categoría femenina, la victoria fue para la keniana Frashiah Nyambura Waitha, con un registro de 2h.32:27, superando a su compatriota Naomí Jepkoigei en casi ocho minutos (2h.40:13). Destacó el gran tercer puesto de la marroquí residente en Barcelona, Hasna Bahom, con 2h.45:27.

Nyambura, 35 años, que tenía una mejor marca de 2h.33:31, ha impuesto un fuerte ritmo desde el pistoletazo de salida y en el kilómetro 10 ya sacaba 16 segundos a sus perseguidoras, Hasna Bahom y la británica Samantha Amend. El paso por el medio maratón se paró en 1h.15:51 con 49 segundos de ventaja sobre su compatriota  Jepkoigei. Hasna Bahom, campeona de Catalunya de medio maratón, pasaba a casi 10 minutos lo que certificaba el dominio de principio a fin de la veterana corredora keniana.

Resultados y clasificaciones

Categoría Masculina
1. Getache Abayu (ETH) 2h.10:45
2. Thomas Kilagat (KEN) 2h.12:13
3. Boaz Kiprono (KEN) 2h.12:45
4. Dikson Kimeli (KEN) 2h.13:14
5. Samir Ait Bouchmane (ESP) 2h.16:07
6. Fekadu Kedir (ETH) 2h.17:14
7. Renars Roze  (LAT) 2h.19:02
8. Samson Bor (KEN) 2h.19:44
9. Yuri Tarasov (RUS) 2h.22:30
10. Adrià Garcia (ESP) 2h.24:30

Categoría Femenina
1. Frashiah Nyambura (KEN) 2h.32:27
2. Naomí Jepkogei (KEN) 2h.40:13
3. Hasna Bahom (ESP) 2h.45:27
4. Laia Andreu (ESP) 2h.49:44
5. Elena Díaz (ESP) 2h.56:27

El punto de vista amateur

Si ayer había casi 18.000 corredores recorriendo las calles de Barcelona, hoy hay casi 18.000 historias diferentes que merecería la pena conocer. Dos corredores que ayer disputaron el maratón, movidos por sus propios retos personales, nos regalan sus experiencias de los 42 kilómetros y 195 metros, sus motivaciones previas, así como, sus pequeñas frustraciones o sus grandes recompensas.

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“No hace ni un año que empecé a correr motivado por un cambio radical en cuestión de salud”nos cuenta Jose Manuel Hernández, un joven que al llegar a los 40 años había visto marcar la báscula los 140 kg de peso. Para ello debía proponerse una ilusión, algo que le ayudara a conseguir bajar de peso y ganar en salud. “Necesitaba una especie de zanahoria como la que le ponen al burro para que se mueva. Es ahí dónde nace mi lema: del sillón a correr un maratón”. Es decir, de no hacer absolutamente nada de deporte a llegar a devorar la mítica distancia.

Como la mayoría de iniciados al deporte de moda en la actualidad, Jose Manuel, empezó corriendo lo que el cuerpo le aguantaba. Corriendo o andando. Poco a poco la distancia aumentaba y con ello las ganas de repetir la experiencia al día siguiente. Luego llegaron las carreras de 10 kilómetros y las colecciones de dorsales y camisetas. Una vez superado el reto de los diezmiles llamaban a la puerta los medios maratones. Y claro tarde o temprano, en su caso muy temprano, le picó el bicho del maratón.

Tras catorce semanas de entrenamiento exclusivo para el maratón. Una media de 55 kilómetros semanales. Dos medios maratones por debajo de 1h40′ y un maratest de 30km en 2h25′ “me ha sonado el despertador a las 5:30 de la mañana. He desayunado y vaciado esfinteres y he cogido el tren en dirección a la plaza España, el punto desde donde partía mi gran desafío”.

El día en Barcelona amaneció soleado. Hacía viento pero en cuanto ha dejado de soplar, el sol ha pegado con fuerza. Aun así “empecé al ritmo deseado de 4’55” por kilómetro. Todo era perfecto hasta que en el kilómetro 32, después de haber pasado por el Camp Nou, la Sagrada Familia, el Passeig de Gracia, la Gran Via, la Diagonal… llegó la temida pájara para quedarse. De repente tus piernas te dicen: muy bien majete, hasta aquí has llegado”. Le separaban diez kilómetros de la meta. Diez kilómetros de certificar que el trabajo de un año y los 53 kg de peso perdidos merecían la pena. Diez kilómetros “de puro sufrimiento, de sentir calambres en musculos de los que desconocia su existencia. De alargar la tortura bajo el sol. Diez kilómetros de parecer un Walking Dead”.

“He corrido con el corazón. Apoyándome en el recuerdo de las grandes e increíbles cosas que tengo en la vida. Pensar en mi familia y en la gente que me quiere me ha llevado a cruzar la meta tras 4 horas. Un tiempo razonable dentro de lo que me propuse al empezar esta aventura pero, a medida que entrenaba y superaba los pequeños retos, pretendía rebajar”.

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Pablo Parrado, es un atleta de 40 años, que entrena habitualmente en el Club Atlètic Mollet a las ordenes de Rogelio Vega. Forma parte del grupo de fondo y compite en la liga catalana de clubes. Su especialidad son los 3.000 metros obstáculos aunque “también he corrido otras distancias en pista: 110 metros vallas, 400 metros vallas, 1.500, la milla y los 5.000, pero en la que mejores resultados he obtenido y donde mejor me he encontrado es en los 3.000 obstáculos”.

Sus comienzos fueron directos a la distancia de medios maratones con tiempos sobre la 1h30′, hasta que su entrenador le recomendó seleccionar las metas y trabajar distancias más cortas. “Así empecé a correr carreras populares de 10 Km. hasta llegar a mi mejor marca: 35’27”, en 2007 en Pineda. En 2010 en La Mitja de Granollers conseguí mi mejor tiempo en los 21.097 metros: 1h18’20″”.

“Este año cumplía 40 años, y como empiezo a notar que mis marcas se alejan –poco a poco– o como mucho se mantienen con mucho más esfuerzo, no quería quedarme sin saber que se siente al competir –por mi manera de ser yo no se salir a simplemente acabar, lo que suelen decir ser finisher– en la prueba reina del fondo olímpico”. Con esa meta, junto a su entrenador, fijaron un plan para terminar el maratón por debajo de las 3 horas. Su entrenamiento constaba de hasta 95 kilómetros semanales que debía “compaginar con la familia, el trabajo y los estudios”. Para terminar realizó dos test: el medio maratón de Terrassa (1h22′) y el de Barcelona (1h21′).

Y así llegó el día del debut. Con toda la ilusión del mundo “empece a ritmo marcado de entre 4’10” y 4’13” el kilómetro. Al poco tiempo vi que las liebres sub-3 horas se alejaban y, sinceramente, me puse algo nervioso. Aun así, el ritmo que me indicaba el Garmin de Kiko –el mío me dejó tirado– era el correcto”.

“Al llegar al medio maratón (1h29′) llevaba un ritmo perfecto y unas buenísimas sensaciones”. Pero el maratón de verdad empieza en el kilómetro 32. En ese punto es donde se sitúa lo que se conoce como el muro. Y existe de verdad. Por mucha preparación que se lleve y mucha experiencia, llega un momento en el que el cuerpo te dice basta. Que no merece la pena seguir corriendo. Es el momento de tirar de cabeza o de corazón y olvidarse de los calambres y los dolores musculares. “Los ritmos empezaron a caer en picado. En el kilómetro 34 rodaba ya a 4’19”. Ahí me esperaba Kiko para hacerme de liebre en los kilómetros finales. Nada más cogerme vio que no podía y se volcó en animarme y hacer que la gente me animara. Y sobre todo en que no abandonara”.

“De verdad, sin la ayuda de Kiko habría abandonado en el kilómetro 36. Ver que se te escapa tu objetivo y que las piernas no te responden es duro. Incluso paré a falta de un kilómetro porque el sufrimiento era demasiado extremo. Aún así terminé en 3h13. No conseguí bajar de las 3 horas. Mi organismo no se adapta a la distancia de maratón y me lo ha demostrado con creces. Pero estoy muy contento por haber cruzado la meta”.

El domingo, dos corredores cruzaron la meta en medio de una lluvia de confeti. No fueron ni Jose Manuel ni Pablo, ni seguramente ninguno de vosotros, pero lo que está claro es que quien cruza la meta del mayor reto de su vida, puede sentir que vive bajo una lluvia permanente de confeti.

Fotos maratón: EFE/Alberto Estévez

Foto Jose Manuel: Maratest Badalona

Foto Pablo: Miguel Angel Catalán

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