35ª Cursa de la Mercè

Una semana después de iniciar la liga Corrent fem Barça y apenas sin tiempo de recuperarse, llega la Cursa de la Mercè en su 35ª edición. Carrera también incluida en la liga, así que no queda otra que correrla.

Se trata de la primera carrera masiva de la temporada. Este año se ha batido el récord con más de 17.000 corredores. Para no tener problemas de aparcamiento salgo con mucho tiempo de casa y a las 8:15 aparco el coche en la calle. Me dirijo a la zona de salida, la Av. de la Reina Maria Cristina, mientras doy los últimos sorbos de agua para hidratarme. El día se presenta nublado y en el litoral de Barcelona hay tormenta. Me espera otra carrera con mucha humedad.

Después de estirar me presento en mi cajón, el azul, para corredores con tiempos entre 46′-50′. Un cajón sólo para hombres porque este año los cajones varían en tiempos entre hombres y mujeres. Las mujeres con tiempos entre 46′-50′ van en el cajón amarillo, el anterior al azul y las que tienen tiempos entre 50′-55′ van en el fucsia, posterior al azul. Estas si, con los hombres.

Aquí ya se aprecian los primeros problemas. Hay gente con otros colores en el cajón azul y también hay mujeres. Las carreras masivas ya tienen estas cosas. A mi no me importa porque con mi tiempo es bastante fácil perder o ganar los segundos. Pero se intuye que no cabremos todos juntos por las calles de Barcelona.

A las 9:27 se da la salida a los profesionales. Tres minutos después a los primeros cajones y un minuto después de estos salimos nosotros. Más tarde saldrían los de atrás. Nada más salir cogemos la Av. Paral·lel para después subir por Calabria hasta Gran Vía. Durante esos dos kilómetros, me han dado la cantidad más grande de codazos y empujones que me han dado nunca en carrera. Incluso me han pisado. Aún así hago el primer km en 4:33 min/km y el segundo más taponado por la gente en 4:54.

Los dos kilometros siguientes transcurren por Gran Vía y para mi desgracia me los paso pensando en lo absurdo que es correr en estas condiciones, con tanta gente que no respeta a nadie. Los hago en 5:05 y 5:07.

Dejar la Gran Vía me resulta un alivio porque me permite bajar por Pg de Sant Joan más cómodo. Además hay un tramo de zigzag para pasar por el arco del kilómetro 5 que pasa por las calles Buenaventura Muñoz y Roger de Flor. En este tramo mi Garmin me marca un tiempo de 4:48 para terminar la mitad del recorrido en 24’27”. Iba en tiempo de acercarme a mi mejor marca. Pero durante toda la carrera el Garmin me marcaba los kilómetros antes de llegar al punto de la organización. El tiempo oficial de mi paso por el km. 5 es de 24’55”. Después se coge el pg. de Pujades y volvemos al pg. de Lluís Companys por la calzada central para pasar por el avituallamiento y por debajo del Arco de Triunfo. Y aquí hay el mayor problema de la carrera. Se pasa por un camino delimitado de apenas 3 metros de ancho haciendo un giro de 90º. Ahí yo he tenido que parar completamente. Y el runrún se me vuelve a instalar en la cabeza. Recojo el agua y enfilo la Ronda Sant Pere.

Los siguientes 2 kilómetros por la Ronda Sant Pere y la Ronda de Sant Antoni me los paso sin hacer caso a la música y marco mis peores parciales 5:17 y 5:21. La canción de “Ça plane pour moi” me devuelve a la realidad.

Giramos por la calle Viladomat, aprieto los dientes y me recupero un poco. Marco 5:09 en el km 8 y 4:58 en el km. 9 ya subiendo por Av Paral·lel. El último repecho hasta el km. 10 lo hago en 5:13 ya muy cansado, asqueado y mojado porque ya llovía. Y los 150 metros extras de mi Garmin los hago al sprint a 4:27 min/km añadiendo 36″ al crono. Tampoco bajaba de los 50′ pero no deja de sorprender los metros extras que le ponen a las carreras de 10 kilómetros. A todos los corredores nos dan metros de más. Siempre que no recortes en las curvas y te subas por las aceras. Claro. Termino en un tiempo oficial de 51:02. Y las mejores marcas quedan para mejores carreras.

Terminada la carrera ya llueve con bastante fuerza. Me dirijo a la zona de avituallamientos donde me dan dan un agua que me bebo de un trago y una botella de agua de coco que sabe a rayos. El día sin duda lo merecía.

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