Rosell, Faus y la ética de los 301.000 euros

Se han escrito y dicho muchas cosas en relación a la asamblea de compromisarios del FC Barcelona que derivó en la demanda de acción de responsabilidad social contra Joan Laporta y 16 de sus exdirectivos. Desde aquel día de 2010 hasta hace apenas unas semanas en que el juicio quedó visto para sentencia, hemos aprendido –o no– a distinguir una salvedad contable de una incertidumbre, hemos descubierto qué es una pregunta ‘impertinente‘ y también hemos certificado que sigue viva la perenne división entre barcelonistas.

Sin embargo, si algo se le quedó grabado a fuego a quien firma estas líneas en aquella asamblea fue la participación de un miembro de KPMG, Ferran García Ferrer, analizando de forma detallada e impropia de una de las consultoras llamadas big four algunos de los gastos de la anterior junta, entre los que destacó, tickets en pollos a l’ast, habanos o el coste de aviones privados para asistir al funeral de Bobby Robson o para acudir a la Final 4 de baloncesto. El chocolate del loro que sirvió para que muchos compromisarios se escandalizaran y decidieran su voto.

Ahora resulta que la junta directiva presidida por Sandro Rosell gastó, según declaró él mismo ante el juez Pablo Ruz, 301.000 euros para traer en un avión privado a los amigos de Neymar a los actos de su presentación en una decisión que, según el expresidente, “son gastos normales cuando un club ficha a un determinado futbolista”.

La junta de Rosell, la de las fotocopias en blanco y negro, la que dijo tener dificultades a su llegada para poder pagar las nóminas de sus empleados, la que externalizó un medio propio y tan potente como Barça TV a Mediapro, pagó el gusto y las ganas para traer al séquito de Neymar. Javier Faus, el hombre de los números, el tipo que hace y deshace a su antojo en el club, no tuvo reparos en desembolsar esos 50 millones de pesetas (suena antiguo, pero es muy gráfico) para que una caterva de adolescentes fiesteros se pegaran la gran vida durante unos días en Barcelona. Hablamos del mismo Faus que calificó de “poco ético” que el Barça presidido por Laporta hubiera gastado 150.000 euros en un viaje de la Fundació del FC Barcelona a Centroamérica en la que la aportación solidaria fue inferior al coste del vuelo. ¿Qué rendimiento aportaron los toiss?

Seguramente estemos equivocados y los “gastos normales” de los que habló Rosell ante el juez sean más éticos, pero para alguien poco acostumbrado a manejar esas cifras sin padecer vértigo le resulta extraño que gastarse 362.000 euros en siete vuelos privados de la anterior junta (dos futbolísticos, dos funerales, uno para negociar un fichaje, otro para visitas de la Fundació y el último para acudir a la Final 4 de París de 2010) sea considerado un despilfarro y montar un viaje privado a los toiss sea perfectamente justificable.

Lo más probable es que yo esté equivocado. Soy de letras y no entiendo de números. Además soy periodista y tampoco debo entender de ética, puesto que el despilfarro del laportismo fue proclamado a los cuatro vientos y hoy casi nadie en el gremio (siempre hay excepciones) dice una palabra más alta que otra acerca de la excursión de los imberbes brasileños.

No le demos más vueltas. Esos 301.000 euros gastados por Rosell para traer a los colegas de Neymar eran imprescindibles y no pueden discutirse a menos que el Barça haya tenido que pagarles las facturas de 80 euros de los pollos de Rostisseria Lolita. Y eso sí sería un escándalo.

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