3-2: El Gamper es de Leo Messi

Hubo un tiempo en que el trofeo Joan Gamper servía para que el público del Camp Nou pusiera cara a los nuevos nombres que, año tras año, desembarcaban en el Barça. Ocurre que hace muchos años que ningún nombre destaca en el torneo como el de Leo Messi desde que en la edición de 2005 dejara boquiabiertos a propios y extraños, comenzando por Fabio Capello.

Tras un verano amargo con su selección y el palo que supuso su condena por delito fiscal, Leo Messi ha vuelto a demostrar que lo que de verdad le importa es tener un balón en los pies. En ese juego, Messi no entiende de ignorancias deliberadas, de frigidez de pecho, de debates estériles ni de linchamientos públicos, ya sean en su país o en el que le acoge desde hace década y media. A Leo Messi le importa poco si el público es el de siempre o la avalancha de turistas que pueblan las gradas del Gamper desde que se deshizo la liturgia de la doble jornada.

Los 72.334 espectadores que se dieron cita en el Camp Nou esta noche y vieron el 3-2 no vinieron a ver a Digne –que cuajó un partido notable–, ni a un flojo Arda que afronta su segunda oportunidad, ni seguramente tampoco a Umtiti o a Denis Suárez. Quienes ocupan los asientos del estadio serán turistas y harán la ola mancillando el ambiente del templo blaugrana, pero saben muy bien que cuando Leo Messi está en el césped, los euros de la entrada son una inversión más amortizable que los 25 euros de una jarra sangría peleona y una paella precocinada que engullen en la Rambla.

Las tres apariciones de Messi

Podrían contarse con los dedos de las manos los partidos de Messi donde no ha mostrado algún detalle de su clase. Los tres primeros de la noche del Gamper significaron tres goles. Primero, asistiendo de semichilena a Luis Suárez para que el uruguayo anotara de cabeza y, cinco minutos después, dejando sentado a Viviano sin tocar el balón antes de batirle. La guinda llegó en esa suerte que en las últimas temporadas se ha convertido en señal de la casa: los tiros libres. Una combinación de Leo Messi con Suárez terminó con una entrada sobre el delantero charrúa que el rosarino colocó junto al palo derecho del portero italiano con una facilidad pasmosa.

No fue un partido redondo del equipo de Luis Enrique, que reguló los minutos pensando en la cita del Sánchez Pizjuán del próximo domingo, pero sirvió para que constatar que aún quedan detalles por pulir –como la pérdida que ocasionó el primer gol de la Sampdoria–, que algunas de las incorporaciones pueden ofrecer un buen rendimiento y que todavía no está resuelto el dilema de la portería entre Claudio Bravo y Ter Stegen.

Pero sirvió sobre todo para que Messi se divirtiera durante los 75 minutos que estuvo sobre el césped y despejara la incógnita que quitaba el sueño al culé de toda la vida. ¿Cómo estará Leo tras este verano? Pues Messi ha vuelto como se fue. Como Luis Suárez. Y para el barcelonismo no hay mejor noticia que esa.

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