25.000 vs 15.000

Da igual el censo o el rival de turno. En can Barça, la división de bandos se puede cuantificar numéricamente. En un lado hay 25.000, en el otro 15.000 -voto arriba, voto abajo-.  Con un somero análisis de los datos electorales y de las mociones de censura que se han sucedido desde 1989, se sitúa con exactitud la proporción, por eso hablar del final de los ‘ismos’, de unir fuerzas por un bien común porque en ese caso «el barcelonismo es invencible» son falacias y palabras huecas de los directores de campaña y analistas de siempre, figuras como Pere Oriol Costa, Josep Maria Gené o más actuales como Jaume Masferrer.

En 1989 cuando José Luis Núñez fue reelegido en la presidencia obtuvo 25.441 votos frente a los 11.609 de Sixte Cambra, un candidato promovido desde el poder político y que nada pudo hacer ante el aparato peñista del presidente en el poder, algo que de una manera u otra se ha repetido desde entonces.

Esos 25.000 votos, exactamente 24.025 fueron los que sumó Núñez ante Angel Fernández en las elecciones de 1997. El candidato apenas superó las 5.209. En aquella campaña, los asesores de Núñez le dieron la vuelta al lema del aspirante: «El fi de la supèrbia» para impedir un debate entre ambos. «No hablo con gente que me insulta» dijo Núñez, cansado de ver como hasta los autobuses le llevaban la contraria -Fernández pagó una campaña publicitaria en los autobuses barceloneses-. La excusa de ausentarse de los debates cuando las encuestas dan un amplio margen de victoria y el candidato no tiene la verborrea necesaria se ha repetido desde entonces.

Al año siguiente (1998), la moción de censura promovida por ‘Elefant Blau‘ contra Núñez se encontró con el mismo muro: 24.863 estuvieron en contra de la misma por 14.358 a favor. Desde entonces, poco ha cambiado.

Lluis Bassat, el aspirante que la cacareada sociedad civil catalana presentó en 2000 para medirse a Joan Gaspart corrió la misma suerte. Sus 19.791 votos cayeron frente a los 25.181 del eterno vispresident. Ocho años más tarde, cuando Oriol Giralt presentó una moción contra Laporta, 23.870 estuvieron a favor de derrocar al presidente de entonces (14.871 le apoyaron), y en las últimas elecciones Josep Maria Bartomeu obtuvo 25.823 votos por 15.615 de Laporta.

En todo este tiempo, solo se han producido dos excepciones. La primera en 2003, cuando Laporta aprovechó que ningún candidato del ‘establishment’ acudía a las urnas para derrotar a Bassat, el publicista que firmó las dos peores campañas de su vida cuando intentó sentarse en el palco del Camp Nou sin tener ni idea donde se metía. Cosas de la Filomatic.

En 2010, Sandro Rosell, a la sombra de Laporta, recuperó viejos contactos para acabar con líderes de barro provinientes de la antigua directiva (Ingla y Ferrer) para conseguir la victoria más amplia de la historia.

Da igual el censo o el rival de turno. Da lo mismo la brillantez de la campaña -ahí tenemos en el último caso las firmadas por Agustí Benedito o Toni Freixa-, el ingenio de los directores de las mismas -magníficas aportaciones de Natalia Rodríguez y de Xavi Martín-, porque en los últimos 26 años poco cambian las cosas electoralmente en can Barça.

La calma durará lo que tarde el balón en perderse fuera de la portería, en que se reactive el caso Neymar, en el momento en que Leo Messi decida que ya tiene suficiente o cuando se demuestre la evidencia de que el argumento de «triplete y tridente» eran cosas del pasado.

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